Después de las vacaciones…

Después de las vacaciones…

Hay semanas mejores que otras; eso lo sabemos todos. Está aquella vez, un martes, que hiciste el tonto en el trabajo de manera tan descomunal que pasaste el resto de la semana intentando camuflarte con el mobiliario. Por fin llegó el viernes (bendito viernes) y tuviste un par de días para acurrucarte en el sillón y lamerte las heridas con tantas horas de Netflix y kilos de pizza* como departamentos que alcanzó la ola expansiva de tu estupidez.

Están, por otra parte, las semanas de vacaciones. Yo no cambio la hora del despertador cuando tengo vacaciones, y no porque quiera levantarme temprano, sino por el éxtasis de apagarlo y mandarlo a pitar dentro de diez minutos a los pies de la cama como si estuvieras mandando tu jefe a algún otro sitio**. Cuando, además, las vacaciones incluyen un viaje y nuevos tés, regreso a casa flotando en una burbuja de felicidad. Esta semana Mr. Oolong y yo aprovechamos para hacer una escapada a uno de nuestros lugares preferidos. Fuimos de compras; experimentamos con hierbas, frutas y verduras para conseguir nuevos sabores, y comimos kuchen y cupcakes como si no hubiera un mañana (o, en todo caso, como si en el mañana todos los pantalones tuvieran la cintura elástica).

Hamburgo

En refinitiva,  hay vacaciones tan especiales que vuelves al trabajo con ganas. Sin embargo, por muy buenos que hayan sido estos días de febrero, no es el caso. Ahora, ya de vuelta en casa, con el moño despeinado y un bol de palomitas a mi lado, estoy disfrutando tanto que casi que llamo al trabajo y les digo que se las apañen sin mí, que me quedo otra semana más haciendo el vago.

*En cuanto a las horas y los kilos

Cuando digo “horas y horas” y “kilos y kilos” me refiero a muchas horas y muchos kilos desde el punto de vista científico. Un fenómeno observado con relativa frecuencia es que, después de encadenar varios capítulos de una serie sin parar, Netflix te pregunta si todavía quieres continuar; es una sensación extraña la de sentir ira y vergüenza ante la televisión. Vergüenza, porque un electrodoméstico te está recordando que eres una patata de sillón (o couch potato, me encanta esta expresión) e ira porque dicho electrodoméstico no debería tener la autoridad suficiente como para hacer que te avergüences de ti mismo.

Ahora bien, el que la cajera del Mercadona levante la ceja al ver sobre la cinta tu “tratamiento de viernes noche” es menos habitual. El caso de J. B. pasará a los anales de la historia: el viernes 20 de septiembre de 1997, ingresó de urgencia en el St. George’s Hospital de Pennsylvania una cajera que perdió sus cejas tras escanear 5 tabletas de chocolate, 3 botellas de Coca Cola y 10 bolsas de ositos Haribo. No se sabe quién fue del autor de dicha lista de la compra, aunque se le ha seguido la pista desde entonces mediante casos similares que fueron ocurriendo en otros supermercados de la región.

**A donde van los jefes

Todos tenemos un “sitio especial” reservado para nuestros jefes y demás condimentos que aportan sabor a la jornada laboral. Algunos estudiosos de la literatura sostienen que Julio Verne se inspiró para una de sus obras más conocidas, “De la Tierra a la Luna”, en un grupo de obreros de una fábrica de cañones que decidieron probar la calidad de sus producciones enviando a su capataz al otro lado de la ciudad. Los ingenieros quedaron gratamente sorprendidos al comprobar que el alcance de sus máquinas era superior al que habían calculado.

2 Comments
  • Yo
    Posted at 17:29h, 13 febrero Responder

    Bravo!! Que gusto da leer este post!! Enhorabuena y como este muchos más!!

  • miraquicontesto
    Posted at 21:21h, 15 febrero Responder

    Jajajaja creo que el fin de semana es para vaguear y las vacaciones son como varios fines de semana seguidos … por lo que se vaguea seguidamente jajajaja pizza, coca cola, jefe coñazo, series, sillón son indispensables para el vagueo.
    Me encantan tus historias!!!

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