Una gran afición, una taza de «arcoiris «y una tendencia al despiste

Una gran afición, una taza de «arcoiris «y una tendencia al despiste

Aún no nos conocemos muy bien, pero como espero ponerle remedio a esto muy pronto, voy a prescindir de formalidades y escribiros a vosotros y no a ustedes. Soy Mrs. Green y deberíais saber tres cosas sobre mí. La primera es que soy una gran aficionada al té. Me gusta solo, a media mañana, con leche, con bizcocho, de postre y adoro tomarme una buena taza por la noche junto con una onza de chocolate negro (muy negro, negrísimo, de ese que te hace estornudar). Por eso es una suerte que me dedique a lo que me dedico -que es, básicamente, a ser la socia de Mr. Oolong, del que tendréis noticias pronto (pero, si no queréis esperar, también podéis leer esto que hemos escrito para presentarnos).

La segunda es que me ilusiono con casi cualquier cosa. Todo tiene una historia que contar, toda historia debe ser contada y no hay mejor acompañamiento que una buena taza de té (o rooibos, o cualquier otra infusión). Sin ir más lejos, tengo a mi lado una taza rebosante de arcoiris esperando a que termine de escribir. De vez en cuando me sorprende el intenso olor a canela y manzana y, entre frase y frase, no puedo evitar intentar beber un poco, a pesar de que aún está caliente y ya me he quemado un par de veces; me encanta el regustillo a limón que deja tras des sí (hasta me va a dar pena lavarme los dientes). Y es que me merezco esta dosis de relajación. Hoy tuve uno de “esos días” en los que los acontecimientos se precipitan unos tras otros, pisándose los talones, dejándote sin otra alternativa que mantenerte siempre en movimiento, pase lo que pase, sin parar, de un problema al siguiente y al siguiente, siempre a contrarreloj y siempre con retraso. Finalmente, de noche, llegué a casa, cerré la puerta tras de mí, abrí una ventana, puse unas hojas de atardecer a infusionar, miré hacia el reloj y me quedé en blanco. Las horas habían engullido mi martes, mi adorado martes y, embobada como estaba con mis reflexiones temporales-filosóficas, me pasé un minuto del tiempo de infusionado. Mientras retiraba el filtro, sonreí pensando en Mr. Oolong; él, con sus artulugios de precisión (desde hervidores que calientan el agua a la temperatura exacta, hasta relojes especiales para que sepas cuando el té esté en su punto), se hubiera llevado las manos a la cabeza. Yo, que soy menos ortodoxa, me senté con mi taza de arcoiris humeante, mis hojas, mi bolígrafo y una onza de chocolate, miré hacia afuera, hacia la noche, y el mundo se paró durante un ratito. Un sorbito, un mordisco, un estornudo y comencé a escribir.

Pero os prometí tres cosas; la tercera es que tengo una ligera tendencia a saltar de un tema a otro. Soy una maestra en el arte de irme por las ramas, me encanta hacer aclaraciones que solo tienen un poco que ver con el tema en cuestión (lo cual también pone de los nervios a Mr. Oolong). Así que muchas veces se enfría el té antes de terminarlo, lo que me proporciona una excusa perfecta para hacerme otro. Sin embargo, hoy os voy a desear unas buenas noches y voy a aprovechar para meterme en cama y quedarme plácidamente dormida con el aroma del romero y el sauce todavía flotando en el aire.

Arcoiris es una de esas infusiones que te tomas después de uno de “esos días” duros, en los que te has ganado a pulso tu momento de relax. Es el momento de calma después de la tormenta, cuando puedes pararte a disfrutar del amarillo limón, el verde sauce, el marrón canela y el morado de la zarzamora; además, todos estos colores proceden de cultivo ecológico. ¿Quieres más detalles?

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